Antes de entrar en materia manifestar que para la compresión del tema es imprescindible la lectura de nuestro anterior cronista D. Gabriel Martínez Guerrero titulado Apuntes para una historia de Antas: parte V El Agua en el siglo XIX.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX se registraron diversos conflictos relacionados con la gestión y distribución de los recursos hídricos, tanto dentro del propio término municipal como entre diferentes pagos y localidades. Se documentan disputas entre pagos como Mendras y La Huerta, así como entre La Huerta y Los Llanos en relación con el aprovechamiento de los caudales excedentes. No obstante, los conflictos más relevantes se dieron entre distintos municipios, destacando especialmente el litigio entre Antas y Vera.
En el caso de Antas, se presenta un problema adicional debido a que el municipio de Vera contaba con una concesión para el aprovechamiento de aguas en el paraje conocido como Cabezo del Moro, ubicado en Fuente Nueva, en la zona del Real Alto. En el año 1791, Vera solicitó la derivación de aguas desde dicho manantial, motivada por la disminución significativa del caudal en sus dos principales fuentes de abastecimiento: la Fuente Chica y la Fuente Grande.
En diversos pagos del término de Antas, situados en las márgenes del río y la vega —como Jauro, La Huerta, Aljariz, Mendras, Macura, El Chopo y Algarcel— existían nacimientos naturales de agua que brotaban de forma espontánea. Estas aguas eran de uso comunal y, en caso de excedentes, se redistribuían entre pagos colindantes para el riego de tierras agrícolas. Un ejemplo de esta práctica se constata en el año 1805, cuando el Ayuntamiento de Antas procedió al establecimiento de turnos de riego (tandeo) en los citados pagos, así como en El Mayor, Morjana y Rotilla, los cuales también se beneficiaban de dichos caudales.
Asimismo, se conserva constancia documental de que el 24 de febrero de 1798 se reunieron varios propietarios para declarar la construcción de una acequia destinada a conducir agua hacia los pagos de Los Llanos de San Roque, Granadico, El Mayor y el paraje de Jandecae, y las aguas derivadas fueron clasificadas como “riegos nuevos”, recibiendo preferentemente los caudales sobrantes procedentes del pago de La Huerta.

Este plano fue proporcionado por el Sr. Pedro Giordano Márques Martínez. Tal como expuse en el acto de toma de posesión como cronista oficial, los manantiales más antiguos documentados se localizan en el área comprendida entre Jauro el Alto —donde se sitúa la Fuente de la Cerrada— y Jauro el Bajo, también denominado cabecera del pago de
La Huerta. Esta zona se extiende desde el paraje conocido como el Charco de las Palomas hasta el sector denominado La Viga, donde se encuentra la Fuente de la Bermeja. Históricamente, esta franja geográfica ha sido referida con los nombres de “Río de los Molinos” o “Alameda del Rey”, debido a su riqueza hídrica y a su utilización para fines agrícolas e industriales.
Durante la década de 1840 se registra una notable disminución del caudal de los manantiales, lo que genera una creciente preocupación entre los propietarios y terratenientes de los pagos de Los Llanos, Mendras, El Chopo y Macura, quienes inician gestiones para la localización y explotación de nuevos recursos hídricos.
Paralelamente, en el municipio de Vera comienzan a surgir iniciativas privadas destinadas a la captación y transporte de agua, destacando la creación de entidades como la Sociedad Hidráulica de Amigos del País, cuyo objetivo principal era canalizar las aguas procedentes del manantial del Cabezo del Moro hacia el núcleo urbano de Vera.
Cabe señalar un episodio relevante ocurrido en 1844, cuando D. Ramón Orozco Gerez inicia un conflicto jurídico con un joven D. Luis Giménez Cano, de tan solo 25 años de edad. Para afrontar esta disputa, Orozco Gerez otorga poder general al procurador D. Miguel Salamanca, residente en Vera, con el fin de representarlo en el proceso legal relacionado con los derechos de aprovechamiento de las aguas.
A raíz de la Desamortización de Madoz, impulsada por el ministro Pascual Madoz en 1855, las aguas excedentes del manantial de Fuente Nueva comienzan a ser objeto de subasta pública. En este contexto, se obtiene la autorización del Gobernador Civil para trasladar las aguas desde la Fuente del Moro, permitiendo además la venta de los caudales sobrantes. Detrás de estas gestiones y operaciones figura, como principal impulsor, D. Ramón Orozco Gerez.



El plano al que se hace referencia fue utilizado como prueba cartográfica en el litigio iniciado por la menor Isabel Silva, representada legalmente por el Licenciado Don Antonio María Ballesteros, contra el Ayuntamiento de Antas, en relación con la posesión de determinados terrenos. Detrás de esta acción legal, según diversas fuentes locales, se encontraba la conocida “mano negra”, una red de intereses particulares que buscaba impedir la captación de aguas, para proteger sus propios aprovechamientos en el manantial del Cabezo del Moro.
Dicho plano fue facilitado por el Sr. Pedro Giordano Márques Martínez, quien también indicó que otra copia reposa en el archivo del Ayuntamiento de Antas. El documento pertenecía originalmente a su tío, el sacerdote Andrés Martínez, antiguo párroco de Cuevas del Almanzora, perteneciente a la conocida familia Martínez, apodada “los fragueros”. La zona comprendida en el plano incluía infraestructuras hidráulicas fundamentales como molinos, nacimientos, y las emblemáticas cuatro fuentes de la Bermeja, origen histórico del pago de La Huerta.
Estas tierras eran de carácter comunal, como lo demuestra el acuerdo plenario del Ayuntamiento de Antas, fechado el 15 de enero de 1800, en el que se determinó la plantación de álamos en la conocida Alameda del Rey, obligando a cada vecino a plantar cuatro ejemplares.
A partir de mediados del siglo XIX, las grandes fortunas derivadas del comercio y la minería comenzaron a invertir activamente en tierras de regadío, lo que generó una creciente demanda de agua. Entre los principales propietarios destacan las familias Orozco, Anglada y García Ruiz, con fincas distribuidas en áreas estratégicas como el
Real Alto de Antas, el Real Bajo de Vera, la Cruz de Antas, y zonas rurales que se extienden hasta Palomares, Esparragal, Jara, Llanos de Rosa y desde Vera hasta Garrucha.
Con el objetivo de garantizar el suministro hídrico para sus propiedades, se constituyó en 1863 la Sociedad de las Tres Fuentes (Fuente Chica, Fuente Grande y Fuente Nueva), con un capital social de 810.000 reales, dividido en 300 acciones a razón de 2.700 reales cada una. Los principales accionistas fueron:
- Familia Orozco: 53 acciones (30 del padre, 15 de Juan Antonio y 8 de Ramón).
- Familia Anglada: 37 acciones (Jacinto 12, Juan 9 y su madre Josefa Ruiz 6).
- Francisco García Ruiz: 15 acciones (vinculado a su suegro, D. Manuel Giménez Ramírez).
La mayoría de los accionistas eran de Vera, algunos de Garrucha, y únicamente cuatro residentes en Antas, que poseían un total de cuatro acciones.
En 1867, el abogado y propietario D. Luis Giménez Cano, natural de Antas, ejecutó una maniobra estratégica mediante la adquisición de terrenos clave ubicados en el centro de los principales manantiales. En junio de ese año, compró cuatro fanegas en el Barranco de Jincar a Francisco de Haro por 800 reales, y otras cuatro fanegas a Ginés Castaño Casquet por 160 reales. Estas parcelas lindaban con los terrenos de los pagos de La Huerta, Aljariz, Los Llanos y Mendras, siendo de gran valor hídrico y legal.
El 7 de abril de 1867, comparecieron ante el notario de Vera, D. Manuel Zamora Navarro, tanto D. Luis Giménez Cano como D. Juan Antonio Orozco Baño (doctor en jurisprudencia y vecino de Vera), para comunicar la solicitud formal de autorización al Gobernador Civil con el fin de realizar calicatas y obras de captación subterránea mediante socavones o galerías, en terrenos de secano e incultos pertenecientes a varios propietarios. La solicitud fue aprobada, concediéndoles un plazo de seis meses para el inicio de las obras.
Como respuesta organizativa y financiera, se fundó la Sociedad de la Abundancia, con un capital inicial de 500.000 reales (ampliable hasta 1.000.000). Se estructuró en dos secciones:
1. Abundancia de Antas
Luis Giménez Cano retuvo la totalidad de las 360 acciones, equivalentes a una hora de agua por acción.
Giménez Cano era alcalde de Antas en ese momento. En este contexto, tanto el Ayuntamiento como el Gobernador Civil denegaban sistemáticamente las solicitudes de alumbramiento presentadas por D. Ramón Orozco Gerez.
A continuación podemos observar una acción de la sociedad la Abundancia de Antas, la cual ha sido proporcionada por Enrique Fernández Bolea.

La siguiente acción de agua, ha sido proporcionada por Antonio Castaño Rodrigo, y corresponde, también, a la Abundancia de Antas.

2. Abundancia de Vera

Dividida también en 360 acciones (1 acción = 1 hora de agua en turnos de 15 días), se realizó su reparto el 18 de abril de 1867. Giménez Cano conservó 100 acciones y el resto se distribuyó así:
• Juan Antonio Orozco: 73 acciones (Vera).
• Antonio Canga-Argüelles: 36 acciones (Vera).
• Manuel Martínez Soler: 24 acciones (Cuevas).
• José María Gómez: 12 acciones (Almería, director de Caminos Provinciales).
• Diego Ramírez Sánchez: 12 acciones (Vera, registrador de la propiedad).
• Sebastián Rico López: 8 acciones (propietario).
La confrontación entre Tres Fuentes y Abundancia se intensificó. Giménez Cano denunció que el alumbramiento realizado en enero de 1867 por Tres Fuentes estaba afectando negativamente el caudal de sus propios trabajos de captación en el Barranco de Jincar. El conflicto alcanzó un punto trágico el 21 de octubre de 1867, cuando Pedro Belmonte Rodríguez, de 29 años, falleció tras el desprendimiento de una masa de tierra durante las obras de galería. El entierro fue ordenado por el alcalde Francisco Segura, con la comparecencia de D. Ginés Cano Belmonte (secretario), D. Ignacio Cano Cano (primer teniente de alcalde) y D. Bartolomé Cano Cano (propietario).
Pese a las presiones ejercidas por los Orozco y los hermanos Anglada, las disputas legales no cesaban. Finalmente, el 29 de junio de 1872 se celebró una reunión en el Real Alto entre representantes de las tres entidades:
- Abundancia de Antas: D. Luis Giménez Cano (abogado y propietario) y D. Andrés Pérez López (médico, Cuevas).
- Abundancia de Vera: D. Sebastián Rico López y D. Cecilio González del
Castillo. - Tres Fuentes: D. Juan de la Cruz Navarro (tenedor de libros) y D. Juan José Núñez Segura (notario y propietario).
Se acordó la fusión de ambas sociedades bajo la denominación La Concordia, manteniendo la identidad nominal de sus secciones originales. Los directores técnicos fueron designados: D. Luis Giménez Cano por Abundancia y D. Francisco García Ruiz por Tres Fuentes, quienes se encargarían de coordinar las obras de captación.
Pese a este acuerdo, los conflictos persistieron. Los pequeños hacendados de los pagos de La Huerta, Aljariz, Mendras y Los Llanos, apoyados por ayuntamientos afines, elevaron recursos ante el Gobernador Civil denunciando la disminución drástica del caudal de manantiales esenciales como Fuente Bermeja, debido a las obras de alumbramiento.
La situación llegó a niveles de tensión insostenibles. A principios de julio de 1875, un grupo de vecinos de Antas y La Huerta sabotearon las infraestructuras hidráulicas que conducían agua a Vera, cortando el suministro en la cabecera del cauce para desviar el flujo hacia sus propias tierras. El área conocida como Los Partidores, donde se encontraban los puntos de derivación hacia la galería de la Abundancia, construida por D. Ramón Orozco Gerez, fue el epicentro de esta acción directa. La siguiente fotografía está extraída del libro “Apuntes para una historia de Antas. Parte V. El Agua.” De Don Gabriel Guerrero Martínez.

Esta triste y desagradable noticia será recogida por el periódico la Crónica Meriodinal, titulado sucesos en Antas; la cual ha sido extraída del libro mencionado anteriormente.

Los acontecimientos se desarrollaron del siguiente modo: el día 3 de julio de 1875, el alcalde de Vera, al constatar la interrupción del suministro de agua hacia la localidad, ordenó el desplazamiento de ocho carabineros procedentes de Garrucha junto con una patrulla de la Guardia Municipal para restablecer el curso del cauce en la zona de los partidores, situada en el paraje de La Viga. Sin embargo, al llegar al lugar, encontraron una considerable resistencia por parte de un nutrido grupo de vecinos, quienes impidieron la reposición del canal, desarmaron a varios agentes y agredieron físicamente a los municipales, resultando algunos de ellos heridos por golpes y contusiones.
Ante la imposibilidad de ejecutar la orden, las fuerzas se vieron obligadas a replegarse hacia Vera, donde aguardaron la llegada de los refuerzos previamente solicitados por la autoridad municipal. Posteriormente, se organizó una segunda intervención compuesta por veinte hombres armados, que se dirigió nuevamente a la zona en conflicto con el propósito de recuperar el control del cauce y solicitar formalmente la rendición de los ocupantes, exigiendo su retirada y la autorización para proceder a la reparación de la infraestructura hidráulica.
La respuesta por parte de los concentrados fue inmediata y violenta: se produjo una descarga de armas de fuego acompañada del lanzamiento de objetos contundentes, principalmente piedras. Tras varios enfrentamientos de distinta intensidad y dada la desproporción de medios, los vecinos de Antas se replegaron en desorden, lo que permitió finalmente la restitución del cauce afectado.
En el bando de Vera no se registraron más consecuencias graves que las ya mencionadas (heridos entre los agentes), mientras que por parte de Antas se contabilizó una víctima mortal como consecuencia de las heridas sufridas durante los altercados. Asimismo, se procedió a la detención de seis individuos, a quienes se les incautaron varias armas de fuego.
Los disturbios no concluyeron con este enfrentamiento. Al regresar a Antas, la situación se tornó aún más crítica: un grupo numeroso de vecinos recorrió las calles clamando represalias contra el alcalde de Antas, D. Antonio Peregrín Giménez, a quien acusaban de traición por su supuesta actuación en el conflicto. El alcalde fue gravemente amenazado por los insurrectos, aunque finalmente logró salvaguardar su integridad física.
Tras una labor de investigación documental, se ha podido identificar a la persona fallecida como Francisco Ridao Artero, quien recibió el impacto de un proyectil en la tarde del 3 de julio. A causa de la gravedad de la herida, falleció a las 3:00 de la madrugada del día 4 de julio de 1875. (Hoy se cumple 150 años de este vil atentado y se colocará una placa para que su muerte no caiga en el olvido).

Tenía 22 años, soltero, de oficio hortelano, y falleció en la casa cortijo de su padre situada en el pago de la Huerta. Era hijo de Luis Ridao Soler y Francisca Artero Perez, ambos eran de Antas, propietarios. Poseía tierras de tierras de riego de noria en el llano de las Palas, por lo que le afectaba el alumbramiento de las aguas.
Al final del presente documento, tras una investigación, podemos observar varios cuadros familiares en los que se señalan los descendientes, así como algunas fechas de nacimiento y de matrimonio de estos. Algunos de ellos, viven en Antas.
El conflicto descrito, aunque de gran trascendencia social y económica, no fue recogido por la prensa de la época, a pesar de la existencia de numerosos periódico con distintas orientaciones políticas, ni tampoco se encuentra mención alguna en las actas capitulares de los ayuntamientos implicados. Esto sugiere un silencio institucional y mediático probablemente motivado por el temor a una mayor conflictividad social o por intereses cruzados entre los distintos poderes locales.
A pesar de la falta de registro público, las tensiones entre los municipios de Antas y Vera, así como entre el Ayuntamiento de Antas y la Sociedad La Concordia, continuaron agravándose. La causa principal era la disminución progresiva del caudal de los manantiales inferiores a medida que se intensificaban los trabajos de captación de aguas subterráneas hacia zonas más elevadas, especialmente en dirección a la Ballabona. Este descenso hídrico afectaba directamente a los pagos tradicionales como La Huerta, Aljariz y Mendras, cuya economía agrícola dependía en gran medida del agua disponible.
Ante la imposibilidad de mantener la situación conflictiva, se logró finalmente un acuerdo entre los hacendados de los pagos mencionados y la Sociedad La Concordia. El 26 de marzo de 1884 se celebró una reunión formal de conciliación, con la siguiente representación:
Por parte de los propietarios de los pagos de La Huerta, Aljariz y Mendras:
- D. Luis Giménez Cano, en calidad de mayor propietario de dichos pagos.
- Luis Cano Giménez, Luis Cano Belmonte, Gabriel Guerrero Cano, Francisco Campos Cortés y Teodoro Ferrer, en representación de 60 hacendados.
Por parte de la Sociedad La Abundancia (Antas):
- D. Luis Giménez Ramírez (hijo de D. Luis Giménez Cano)
- D. Sebastián Rico Segura (yerno de D. Luis Giménez Cano)
Por parte de la Sociedad La Concordia:
- D. Pedro García Soler
- D. Juan José Núñez Segura
Términos del Acuerdo
- Extinción de litigios:
Ambas partes acordaron dar por concluidos todos los procedimientos judiciales y denuncias anteriores, estableciendo un marco de colaboración y corresponsabilidad en la gestión del recurso hídrico.
2. Cesión de turnos de agua:
La Sociedad La Concordia se comprometió a ceder un turno de dos días de agua cada quince días, distribuido de la siguiente forma:
- 1 día para el Pago de La Huerta
- 12 horas para el Pago de Aljariz
- 12 horas para el Pago de Mendras
Esta cesión se estableció con carácter irrevocable para el Pago de La Huerta. En el caso de Aljariz y Mendras, se mantendría hasta tanto concluyeran con éxito los trabajos de alumbramiento de agua que ya se encontraban en curso.
3. Restricciones hídricas:
A cambio, los propietarios del Pago de La Huerta se comprometieron a no realizar captaciones ni alumbramientos de agua en la margen izquierda del río Antas, en el tramo comprendido entre el molino del Barranco de Jincar y la parte superior del Jauro Alto, cediendo esos derechos de explotación a la Sociedad La Concordia.
4. Aprobación municipal:
El Ayuntamiento de Antas aprobó formalmente estas disposiciones en sesión correspondiente.
5. Fuentes públicas:
La Sociedad La Concordia se obligó a instalar una fuente de remanso para uso del vecindario en la Cuesta de las Cuevas, en el margen izquierdo de la galería que conducía aguas hacia Vera, en la ubicación actual de Aloa, tradicionalmente una cavidad empleada para el llenado de cántaros y otros recipientes.
Paralelamente, la Sociedad La Abundancia de Antas se comprometió a dotar otra fuente pública, conectada mediante conductos cerrados, a ubicar en el punto más próximo al casco urbano (junto a los depósitos municipales).
Asimismo, se reconoció la existencia de otras fuentes de remanso:
- Una en la galería, a la altura de la casa del tío Melchor, celador, abuelo de Isabel Belmonte.
- Otra en la Cuesta de la Pila, en Aljariz, situada en la conducción hacia Vera, saliente en el Arco de D. Ramón Orozco, conocido como “el cajete”. El Ayuntamiento de Antas asumiría los gastos de instalación de estas dos últimas.
6. Dirección técnica de alumbramientos:
D. Luis Giménez Cano, por la Sociedad La Abundancia, y D. Francisco García Ruiz, por Tres Fuentes, quedaron designados como directores técnicos permanentes, encargados de supervisar los trabajos de captación bajo el mando de la junta directiva.
7. Resolución de controversias:
En caso de desacuerdo en futuras decisiones, las partes se comprometieron a someter la cuestión a arbitraje, en primera instancia, de:
- D. Emilio Párraga Díaz, abogado, yerno de D. Francisco García y cuñado de D. Manuel Giménez Ramírez.
- D. Juan José Giménez Ramírez, abogado, hijo de D. Luis Giménez Cano.
En caso de persistir la discordia, se designaría como árbitro definitivo a D. José Joaquín Navarro, canónigo de la Catedral de Almería.
Este acuerdo representó un punto de inflexión en los prolongados conflictos por el agua entre Antas, Vera y las distintas sociedades hidráulicas, si bien solo constituyó una tregua temporal en el complejo proceso de regulación del uso de los recursos hídricos. Estas iluminaciones permitieron la extensión de regadío en Antas y en Vera. Tenemos datos de la Fuente Nueva de Vera (tres fuentes). En 1870 extraían 5 L/seg, y hacia 1880 sacaban 90 L/seg; ello posibilitó el paso de una agricultura de subsistencia a una agricultura de exportación, en la que predominaban los cítricos como naranjas, limones y en menor medida, mandarinas. Posteriormente, uva de embarque. Todo ello provocó la creación de las Colonias Agrícolas, en las que la mayoría de los productos eran exportados a ciudades como París, Marsella, Londres y Nueva York.
DEVELACIÓN DE PLACA EN MONOLITO EN HONOR A FRANCISCO RIDAO ARTERO








Al finalizar el acto se procedió a descubrir una placa para que la muerte de este vecino no caiga en el olvido.
La mencionada placa fue inaugurada por el Alcalde, Pedro Ridao Zamora, y el Cronista Oficial, Luis Artero Ridao. En ella se puede leer:
En memoria de Francisco Ridao Artero
(1 de febrero de 1853 – 4 de julio de 1875)
A los 22 años de edad perdió la vida por un disparo de arma de fuego mientras defendía los derechos del agua del pueblo de Antas.
Su sacrificio permanece en la memoria de un pueblo agradecido. Que su ejemplo nos inspire siempre a luchar por lo que es justo.
Permítanme finalizar esta exposición expresando que para mí ha sido un profundo honor ofrecer esta conferencia en Aljariz. Como muchos sabrán, tengo vínculos personales con esta tierra: mis raíces paternas son de La Huerta y de Aljariz. Mi padre fue Luis Artero Rodríguez, hijo de Luis Artero Rodríguez, conocido como Luis el Moreno o Luis el Huevero —motes que heredó mi padre y que yo mismo llevo con orgullo, junto al de Luis el de Adelia.
Mi abuela fue Catalina Rodríguez Rodríguez, conocida como Catalina la Pastora.









Que historia tan interesante, que saca del anonimato a personas que lucharon por el bienestar general de los habitantes de Antas.
Gracias por estas curiosidades que enriquecen la historia del pueblo .
Excelente trabajo de investigación histórica Luis, que te acredita como Cronista Oficial de Antas. Por desgracia, el negocio del agua, manos de empresarios de la industria minera, entre los siglos XIX y XX, vuelve a caer en manos de otros aguatenientes, de todos conocidos, que están haciendo desaparecer a los pequeños y medianos agricultores y ganaderos en este siglo XXI.