HISTORIA

Cuando los cristianos conquistaron los reinos de Valencia y Murcia, el îqlim de Vera, del que formaba parte la vega del río Antas, se convirtió en la frontera oriental del Reino de Granada por la zona oriental, como Jerónimo Münzer, viajero alemán que pasó por aquí en octubre de 1494 y que nos habla de una “hermosa y fructífera llanura” y de un “pequeño río que con su riego hace a la tierra bastante fecunda”. Pero lo que vió Münzer fue el pueblo de Antas por la sencilla razón de que en aquella época estaba construyéndose.

El origen de Antas es la historia de un desalojo. El desalojo de los habitantes musulmanes de Vera y Mojácar expulsados de sus casas tras la toma de estas dos ciudades nazaritas en 1488 por las huestes cristianas del Marqués de cadiz. Una vez caídas estas dos ciudades, los habitantes de las alquerías y villas de Bédar, Cabreras, Lubrín, Serena, Sorbas, Teresa y también la ciudad de Mojácar fueron a Vera, capital de la jurisdicción, a rendir homenaje y someterse al rey Don Fernando según cuenta el cronista Bernáldez. Los nombres de Antas y Turre, lógicamente, no aparecen.

El marqués de Cadiz tenía que alojar a sus soldados e instalar su mando. De esta manera Mojácar, por estar fortificada, y Vera la vieja (la del espíritu Santo) por estarlo también y además ser la capital del distrito, fueron elegidos como alojamiento de los cristianos. Los antiguos habitantes tuvieron que salir de sus casas e ir a instalarse a otra parte. El capitán Garacilaso de la Vega, nombrado Capitán General y Justicia Mayor, fue el encargado de dirigir la operación de expulsión y realojamiento. Los musulmanes de Mojácar fueron a instalarse a orillas del río Aguas donde fundaron el pueblo de Turre y los de Vera a orillas del río Antas donde fundaron el pueblo del mismo nombre. Esta es la razón por la que no encontramos ni en turre ni en Antas vestigios de construcciones musulmanas, aparte de los aljibes y la red de acequias, qanats o molinos que son estructuras preexistentes a la intalación de la población puesto que aquí se encontraban una buena parte de las tierras de regadío de los musulmanes de Mojácar y Vera. Eso explica también que fuera este el lugar elegido: pagos donde tenían sus bancales. Antas es, pues, un pueblo con un urbanismo moderno (o sea de la época Moderna, no Medieval) y cuyo trazado recuerda el de la vera nueva reedificada en el llano después del terremoto de 1518: una plaza central y un trazado cuadrilátero de calles rectas que se cruzan.

La población morisca.

La primera referencia escrita sobre los habitantes de Antas es el censo fiscal de 1495 estudiado por el profesor Del Cerro Bex según el cual había en Antas 125 vecinos, es decir una población de 562 habitantes aproximadamente. En 1504 encontramos otra referencia, también de impuestos, en el que aparecen 52 vecinos de Antas que pagaron “444 pesantes y seis dinero” lo que no implica que hubieran desaparecido la mitad de los vecinos censados nueve años antes; tratándose de un impuesto especial solicitado por los reyes es posible que sólo se aplicara a los más ricos. De nuevo aparece mencionado Antas en el censo de 1561 con 170 vecinos y, en vísperas del levantamiento de las Alpujarras, otro censo, el de 1568, atribuye a Antas una población de 180 vecinos o sea más de 800 habitantes.

Al terminar la guerra de las Alpujarras en 1570 todos los moriscos del Reino de Granada fueron deportados a otras regiones del reino de Castilla. También los de Antas a pesar de que no habían participado en dicha guerra y que muchos de ellos se habían refugiado en Vera al amparo de la guarnición como lo menciona un documento notarial fechado en Vera el 17 de Abril de 1570.

Las casa y tierras quedaron vacías de habitantes tras la deportación y, como en todo el Reino de Granada, las propiedades de los moriscos de Antas fueron apeadas y repartidas en suertes a los nuevos pobladores, originarios en un 80% de Murcia. Es decir que estos moriscos antusos que fundaron un pueblo, crearon nuevas estructuras agrícolas y enriquecieron la tierra apenas si pudieron disfrutarlo pues entre su instalación y su deportación sólo habían transcurrido unos 80 años. Sin embargo su presencia sigue viva a través de los topónimos-pago de Aljáriz, rambla del Cajete- y la red de bancales, acequias, balsas, etc…que constituyen hoy una parte de la riqueza agrícola de Antas.

Las relaciones Vera-Antas.

Se puede decir que los moriscos de Antas se distinguieron del resto de los habitantes de la jurisdicción de Vera por varias razones.
La más isgnificativa es que su población fue aumentando a lo largo del siglo XVI al contrario que ocurrió en la mayoría de los pueblos en los que la población fue disminuyendo a veces de manera espectacular como en Cabreras y Teresa.

Toda la zona sufrió en el siglo XVI una sangría continua de habitantes que lo abandonaban todo y se iban allende. En el Archivo Municipal de Vera se pueden consultar los documentos sobre las subastas de los bienes moriscos de Teresa, Cabreras y algunos de Zurgena huidos allende. No existe en cambio ninguno que hable de un morisco de Antas huido. Las huidas de moriscos fueron, a mi parecer, la causa principal, aunque no la única, del crash demográfico morisco del siglo XVI.
Cuando los historiadores hablan de los moriscos siempre ponen de relieve dos aspectos de su personalidad: primero, la pertenencia del morisco a una comunidad de fe-la islámica- pese a estar bautizados y practicar exteriormente la religión cristiana y, segundo, el profundo apego a la tierra.

El primer aspecto fue lo que les empujó a huir mostrando así su rechazo a la aculturación preconizada por el poder dominante ya que para ellos pertenecer a una comunidad de fe no era solo la práctica religiosa sino también las prácticas sociales y culturales-los baños, el vestido, la lengua, los bailes, las fiestas- puesto que en el Islam religión y sociedad se confunden. Las pragmáticas promulgadas por los monarcas a lo largo del siglo XVI fueron recortando poco a poco las practicas sociales y culturales de los moriscos.

En cuanto al segundo aspecto-el apego profundo a la tierra- es algo altamente identificante del ser morisco. Aparentemente, para el morisco de Antas, el vínculo con la tierra tuvo más fuerza que el vínculo socio-religioso. Cuando estalla la guerra de las Alpujarras, la gran mayoría de los habitantes de la zona adhirieron a la causa de Aben Humeya. Antas no se unió a la lucha quizás porque pensaron que al acutar así salvarían sus tierras y sus cultivos. O bien porque la milicia de Vera estaba demasiado cerca. Pero todo eso no quiere decir en absoluto que los moriscos de Antas estaban perfectamente aculturizados o integrados en la comunidad cristiana; al contrario, se sintieron más que nunca solidarios de sus hermanos y fieles a la comunidad morisca. El hecho de no participar con las armas no quiere decir que permanecieran inactivos. Como muchso moriscos de Bédar y Serena, los de Antas emprendieron lo que hoy llamaríamos una “acción humanitaria” pagando el rescate de los moriscos atrapados, entre 1568 y 1569, por las milicias cristianas de Vera durante las cabalgadas efectuadas por los pueblos del interior con la excusa de la “buena guerra” cuando en realidad sólo buscaban el botín. Apresaban sobre todo a mujeres y a niños que luego vendían como esclavos en Vera. Los moriscos antusos pagaban el rescate individualmente o bien se cotizaban para liberar a sus hermanos aunque estos fueran originarios de pueblos bastante alejados de Antas como Huécija o Felix. Una tercera parte de los documentos notariales del año 1569 editados por Cabrilana Ciezar se refieren a estos rescates.

Tras 70 años intentando aculturizarlos, los moriscos de Antas no habían olvidado la asabiya o precepto de Mahoma en el que el profeta exhortaba a su pueblo a dar limosna y ayuda contras las acciones injustas.Otro dato que singulariza al morisco de Antas es que parece que mantuvo con los cristianos viejos de Vera unas relaciones un poco menos conflictivas que el resto de los moriscos de la zona. Ello se debía, quizás, a que la proximidad entre ambos lugares facilitaba unos contactos más estrechos y continuos pudiendo hablarse de una casi comunidad mixta con carácter doble: moriscos-cristianos viejos y campesinos-ciudadanos. Los antusos iban a trabajar en las tierras de Vera en donde tenían bancales concedidos pro el Concejo de la ciudad.

Todo lo cual establecía entre las gentes de Vera y Antas una relación de interdependencia económica pues los veratenses, militares en su mayoría, poco podían ocuparse de las tierras y los antusos tenían “sed de tierra”. El morisco de Antas erta ante todo un huerfano. La vega del río Antas se convirtió, entre sus manos expertas, en una región próspera que atraía incluso a moriscos de otras zonas del interior.

Los antenses prosperaban e intentaban ampliar sus propiedades. Pero todo eso dependía de las buenas relaciones con el Concejo de Vera y de manera general con la minoría dominante. Estas relaciones de dependencia socioeconómicas se parecían mucho a las que tenían los moriscos con sus señores en los señoríos vecinos, pues aunque Antas era tierra de realengo, el Concejo de Vera actuaba como un auténtico señor sobre jurisdicción. Vera daba a Antas seguridad económica y protección en caso de conflicto. Eso explicaría las no huidas allende y la no participación con armas en la guerra de las Alpujarras pero en modo alguno significa que culturalmente estuvieran los antusos más asimilados que los otros moriscos de la zona.


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